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LA TRAMPA DEL ROSA: LA GUERRA SILENCIOSA DEL CINE CONTRA LO FEMENINO

Foto del escritor: Victoria Corrales
Victoria Corrales
19 may
4 min de lectura

Actualizado: 21 may

El rosa, ¿una representación femenina o una muestra de debilidad? El cine utiliza este color para representar todo lo que una mujer no debe ser.


Los colores poseen una intención y un significado potente en la psiquis de las personas. Son capaces de evocar diferentes emociones en nosotros y, por supuesto, en el cine. El rosa es visto como símbolo de inocencia, feminidad y ternura, pero Hollywood lo tomó y lo asoció a una mujer superficial, hueca y materialista, enseñando a la audiencia que lo hiperfemenino no tiene valor real. 


Crecimos viendo lo rosa como sinónimo de todo aquello que no queríamos ser; lo tonto, vacío e inmaduro. Aprendimos a rechazarlo como método de subsistencia.

 El cine no sólo lo convirtió en un estereotipo: también enseñó que para ser tomadas en serio había que alejarse de todo lo considerado femenino. Quizás nunca odiamos el rosa. Solo aprendimos que el cine se burlaba de él. 


Películas como Mean Girls y High School Musical son los ejemplos emblemáticos de este fenómeno. Regina George y Sharpay Evans representan el estereotipo que Hollywood construyó alrededor de la feminidad extrema: ambas son rubias, usan el color rosa y están asociadas a la belleza, popularidad y superficialidad. El cine utilizó durante años la imagen de la “rubia femenina amante del rosa” como símbolo de alguien hueca, caprichosa o poco inteligente. Tanto en Mean Girls como en High School Musical, el rosa y la apariencia hiperfemenina funcionan como códigos visuales para mostrar personajes que deben ser juzgados, ridiculizados o vistos como “menos profundos”. Así, se reforzó la idea de que cuanto más femenina, rubia o “girly” es una mujer, menos seria o inteligente parece; mientras las protagonistas o las chicas “correctas” rechazan lo femenino y se inclinan hacia lo más simple, natural y monocromático posible. La chica “perfecta"  y “diferente” es todo lo contrario. 



Esta imagen inocente que el cine proyectó tuvo un gran impacto en la vida de miles de niñas y adolescentes. Alejarse de lo femenino y rechazarlo fue la vía de escape ante los prejuicios de una sociedad sesgada por la mirada masculina. No vestir de rosa te hacía diferente, superior y más lista que si lo usabas; el objetivo era ser elegida, vista y valorada por los hombres, los mismísimos enemigos del rosa. 


Nos enseñaron a odiar lo nuestro, lo propio y lo que nos gustaba. El mensaje era claro: ser femenina te hacía menos valiosa, pero dejar de serlo te hacía especial. 


Esto ha producido el nacimiento del arquetipo y una nueva manera de sentirse mujer: la "Not Like Other Girls" que odia el rosa, no se maquilla, usa ropa holgada o zapatillas gastadas, prefiere leer o escuchar música "indie" y mira con desprecio a las chicas populares. Kat Stratford en 10 Cosas que Odio de Ti es el ejemplo perfecto de este tipo de chica, que consideraba superficiales las comedias románticas y lo femenino. La icónica frase “Esa chica es tan falsa como un billete de 3 dólares” de Janis Ian en Mean Girls también refleja a la perfección que para que el espectador la vea como la "heroína inteligente", la película necesita que ella pisotee y juzgue a las demás mujeres.

Así se traduce a un guion la misoginia interiorizada. 



Esta narrativa no solo se quedó en la pantalla; se filtró en la psicología de toda una generación de espectadoras. El cine nos condicionó a competir en lugar de empatizar, obligándonos a elegir un bando: o eras la chica inteligente sin maquillaje o eras la rubia tonta vestida de rosa. Crecimos buscando la aprobación masculina a través del rechazo a nuestros propios pares, validando la idea de que lo femenino era una debilidad. El verdadero triunfo del patriarcado en el cine no fue invisibilizarnos, sino enseñar a odiarnos entre nosotras, haciéndonos creer que somos nuestras propias y peores enemigas. 


¿Te está interesando el artículo? Descubrí lo que tus ojos pasaron por alto. 

Ponete los auriculares y cuestioná la mirada de siempre en (sitio de nuestro podcast)


(Embeber mini fragmentos del podcast)


La Redención Absoluta del Rosa 

 

Con el estreno de Barbie en 2023, el papel del rosa y lo femenino transicionó hacia un panorama más abierto y amable. Hoy, el rosa remite a la reapropiación del poder femenino. Directoras como Greta Gerwig o Sofia Coppola lo transforman en un símbolo de fuerza, complejidad e identidad. Barbie fue un cariño al alma para aquellas niñas convertidas en mujeres que veían como enemigas a las demás mujeres y a lo femenino como un reflejo de su desprecio hacia el sistema que las minimiza y limita. 


El fenómeno social que se vio en los cines cuando miles de mujeres vestidas de rosa se sentian empoderadas y libres fue un cambio de paradigma y sanación que muy pocos pueden entenderlo si no llegaron a vivirlo. Vestirse de rosa para ir al cine no era una señal de superficialidad, sino un acto de celebración colectiva de la experiencia de ser mujer que logró la muerte definitiva del arquetipo de la “Not Like Other Girls”. 


Gráfico de barras muestra presupuestos y recaudación de películas de 2023 en millones de euros: Barbie, Oppenheimer, Misión Imposible y Megalodón 2.

Hollywood construyó lo “femenino” y luego nos enseñó a odiarlo


El odio hacia el rosa y la feminidad, que generaban tanta discordia entre las mujeres fue marcado como símbolos de unión en la premier de películas femeninas como Barbie, Lady Bird y Mujercitas, sanando nuestros corazones y siendo un grito de resiliencia. Al final de los 2000, nos enseñaron a odiar el rosa para ser tomadas en serio y a partir del 2023 con Barbie se demostró que se puede cuestionar al patriarcado, reflexionar sobre la crisis de los veinte años y liderar el mundo, todo sin bajarse de los tacos rosa pastel.

 

“Los Kens tendrán, algún día, tanto poder e influencia en Barbieland como el que tienen las mujeres en el mundo real”- Barbie (2023)

El rosa es el color que custodiaba nuestra infancia, hasta que el sistema nos convenció de que madurar era aprender a odiarlo. Reconciliarnos con él no es un capricho estético; es un abrazo urgente a nuestra niña interna. Es pedirle perdón por haberle creído al mundo, tomarla de la mano y dejar que vuelva a salir a la vida, libre, rebelde y vestida con su color favorito.



"No tenés que ser bonita, ni siquiera tenés que ser inteligente... Solo sé un ser humano"- Barbie (2023)

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